viernes, 4 de marzo de 2011

La historia más conmovedora de todos los tiempos. 1. Lucy, la nadadora

¡Enhorabuena! ¡Va a tener un bebé!
Durante los próximos nueve meses, millones de años de interacciones con enfermedades, edades de hielo, olas de calor, plagas, parásitos, la pericia del vecino y tantas otras presiones evolutivas (sin olvidar un poco de romance) se unirán en una integración increíblemente compleja de información genética, reproducción celular, marcadores de metilo y líneas germinales para formar su pequeño cacahuete.

Usted y su pareja están bailando la danza evolucionaria, contribuyendo eones de historia genética a la siguiente generación. Es un proceso asombroso, inspirador y profundamente conmovedor. Todo esto debería suplir al deprimido entorno del hospital, donde casi todo está para sobrevenir a la enfermedad o la muerte, mientras que usted está allí para traer al mundo una nueva vida.

Bueno, buscáis en el directorio para saber a donde ir; Patología, Cirugía, Neurología, Nefrología… Y finalmente ahí está: Obstetricía y Ginecología, …entre Neurocirugía y Oncología. En menos que canta un gallo, le acompañarán a toda prisa por las escaleras, le pondrán una bata de hospital y le colocarán un catéter. Si alguna vez ha estado en un hospital porque estaba enferma en lugar de embarazada, todo le parecerá conocido.

Por supuesto, todo el jaleo médico es por una buena razón; en la pasada década, las Naciones Unidas estimaron que casi seis millones de mujeres murieron debido a complicaciones en el embarazo y el parto; alrededor de 1.500 cada día según UNICEF, aunque menos del uno por ciento de esas muertes se produjeron en países desarrollados. No hay duda de que la medicina moderna ha ayudado a erradicar el gran porcentaje de riesgo de los nacimientos, pero el enfoque tiende a ser similar al de una enfermedad, tratando el parto como un riesgo a controlar en lugar de como un milagro evolutivo que solo necesita un poco de ayuda.

Quizá nuestra habilidad para hacer que el embarazo y el parto sean aún más seguros y confortables se beneficiaría al responder a las mismas preguntas que estamos empezando a hacernos con relación con la enfermedad. ¿por qué la evolución ha llevado a los humanos a dar a luz de manera en que lo hacemos?

Las adaptaciones en el esqueleto que nos permiten caminar erguidos cambiaron la estructura de la pelvis humana; a diferencia de los monos, chimpancés y otros grandes simios, la pelvis humana tiene que soportar casi constantemente el peso de la parte superior del cuerpo. Los chimpancés caminan erguidos de vez en cuando, pero por lo general solo lo hacen para llevar comida de un lado a otro, o vadear ríos y arroyos. La evolución hacia la capacidad de caminar erguido incluyó la selección de una pelvis especializada que lo hiciera posible; bastante ancha a ambos lados de la “entrada”, pero estrechándose cada vez más hasta terminar en una “salida” que conlleva una fuerte opresión para el cráneo de un bebé.

Millones de años después de que aprendiésemos a caminar sobre dos piernas, empezamos a desarrollar mayores cerebros. Cerebros más grandes necesitan cráneos más grandes. Millones de años después, las mujeres con conductos pélvicos más estrechos, dan a luz a bebes más cabezones y, esta dificultad ha hecho que la mayor parte del desarrollo cerebral humano tenga lugar después del nacimiento.

¿Por qué la evolución favorecería adaptaciones que provocasen que la reproducción fuese más peligrosa? La escritora Elaine Morgan lo planteó de la siguiente manera: “Nuestros ancestros entraron en el Plioceno como cuadrúpedos peludos sin lenguaje y salieron de él sin pelo, erguidos y discutiendo sobre qué tipo de plátanos les gustaban más”. Y eso no es todo. También engordamos, desarrollamos narices prominentes con fosas nasales apuntando hacia abajo y perdimos mucho sentido del olfato. ¿Qué había sucedido?

La opinión mayoritaria sobre nuestro cambio de caminar a cuatro patas a hacerlo erguidos es la hipótesis de la sabana, la cual sostiene que nuestros ancestros simiescos abandonaron los densos bosques africanos y se trasladaron a extensas llanuras cubiertas de hierba, tal vez debido a variaciones climáticas que provocaron un gran cambio medioambiental.

Sin embargo, la vida era más dura en la sabana; según la teoría, nuestros ancestros tuvieron que ingeniárselas para conseguir comida. Alguna combinación de esas nuevas circunstancias, como la necesidad de otear el horizonte en busca de comida o depredadores o la de cubrir largas distancias para obtener agua o comida impulsaron a los homínidos de la sabana a empezar a caminar erguidos. Asimismo, el clima en la sabana era muy caluroso y todos esos machos que cazaban animales tendían a recalentarse, por lo que acabaron perdiendo el pelo para estar más frescos. Al menos esa es la teoría convencional.

No obstante, Elaine Morgan, que no es una persona convencional, no cree en la veracidad de esa teoría. En su obra ‘La descendencia de la mujer’ atacaba la idea de que el comportamiento masculino era la fuerza impulsora de la evolución humana. ¿Los humanos empezaron a andar erguidos para poder cubrir más rápidamente las distancias entre el agua y la comida de lo que lo hacíamos sobre cuatro patas? ¿Ha competido alguna vez con un guepardo? Incluso algunos de los cuadrúpedos más lentos pueden correr más rápido que nosotros. ¿De verdad perdimos nuestro pelo porque los machos sudaban mucho cazando antílopes? Y si así fuera, ¿por qué las mujeres tienen aún menos pelo que los machos? ¿Porque sudaban mucho cuidando a sus hijos? ¿Y qué pasa con todos esos otros animales sin pelo que corretean por la sabana? Oh, sí, es verdad, no hay ninguno. Todos los mamíferos sin pelo son acuáticos o, al menos, juegan en el lodo, como los hipopótamos, los elefantes o el jabalí africano. Sin embargo, no hay ningún primate sin pelo.

Durante la investigación que llevó a cabo para escribir su libro, Morgan se topó con el trabajo de un biólogo marino llamado Alister Hardy . En 1960, Hardy propuso una teoría alternativa para explicar nuestra divergencia evolutiva con otros primates. Sugirió que un grupo de monos de bosque habían quedado aislados en una gran isla cerca de lo que hoy es Etiopía, y se habían adaptado al agua, vadeando, nadando y buscando comida regularmente en las lagunas. A Hardy se le había ocurrido la idea mientras leía el libro ‘El lugar del hombre entre los mamíferos’, que cuestionaba por qué los humanos eran los únicos mamíferos terrestres con una gran capa de grasa bajo la piel. Hardy, que era un biólogo marino, relacionó inmediatamente eso con los mamíferos marinos, como los hipopótamos, leones marinos, ballenas o delfines, ya que todos tienen esta capa de grasa que, al despellejarla, se quedaba adherida a la piel. Teniendo en cuenta, además, que las reservas de grasa subcutánea serían más un estorbo para un mamífero cazador, pensó que solo había una razón para ello: un pasado acuático o semiacuático; un mono acuático.

Morgan plantea una argumentación convincente, su capacidad para sobrevivir en tierra firme y en el agua les confirió el doble de opciones de evitar a depredadores, por lo general, adaptados sólo a uno de los medios. Los monos que pasaban tiempo en el agua habrían evolucionado naturalmente hacia el hecho de caminar erguidos. Eso les habría permitido caminar más distancia en el agua pudiendo respirar; además, el agua ayudaba a sostener la parte superior de sus cuerpos, facilitando el caminar sobre dos piernas.

La teoría del mono acuático explicaba por qué, como muchos otros mamíferos acuáticos, perdimos nuestro pelo: para reducir el rozamiento con el agua. La grasa corporal, a su vez, ayudaría a aislar el cuerpo de un frío húmedo y mejoraría la flotación. También aclaraba la razón del desarrollo de nuestra nariz prominente y nuestras fosas nasales dirigidas hacia abajo; lo que nos hubiera permitido zambullirnos, o el control voluntario de la respiración y la laringe descendente; que nos permite tomar más cantidad de aire en menor tiempo.

Existen otras características físicas que nos acercan más a un antepasado adaptado a un medio acuático que a la sabana; por ejemplo las lágrimas, glándulas sudoríparas y sebáceas entre otras. Pero todo esto no explica aún la ausencia de presión evolucionaria que existe en contra de caminar erguidos y el riesgo reproductivo asociado provocado por el cambio en la forma de la pelvis. A no ser que el agua fuese un factor que facilitara el proceso.

Según la leyenda, el primer parto médico en el agua se llevó a cabo en Francia a principios de siglo diecinueve. Las parteras habían estado ayudando a una mujer que llevaba más de cuarenta y ocho horas de parto cuando una de las comadronas sugirió que un baño caliente podría ayudar a que la madre se relajase. Según la historia, el niño nació poco después de que la mujer entrara en la bañera.

Sin embargo, los médicos sugerían en las revistas médicas y en los periódicos que el parto en el agua era peligroso y que entrañaba muchos riesgos inaceptables de infecciones, además de la muerte por ahogamiento. No fue hasta 1999 cuando Ruth Gilbert y Pat Tookey , del Instituto de Salud Infantil de Londres, publicaron un estudio serio sobre el tema y en él se exponía que el parto en el agua era al menos tan seguro como los métodos convencionales y que todas esas predicciones sombrías y mortales eran en su mayor parte infundadas.

Un estudio italiano aún más reciente, publicado en el año 2005, ha confirmado la seguridad del parto en el agua, además de demostrar algunas ventajas contundentes. En primer lugar, no se producía un aumento de las infecciones, ni en las madres ni en los recién nacidos y el niño se beneficiaba de una protección adicional contra la neumonía por aspiración ya que cuando los niños nacen a la manera convencional, inhalan una bocanada en cuanto notan aire en la cara , y a veces, esto es antes de el médico les haya limpiado la cara de la materia fecal o residuos del parto que pueden inhalar.

El estudio reveló otras muchas ventajas. Las madres primerizas que daban a luz en el agua se beneficiaban de un periodo de contracciones más corto acelerando considerablemente el proceso. Asimismo, los partos en el agua reducían de manera notable el porcentaje de mujeres que necesitaban episiotomía, la incisión quirúrgica que suele practicarse en los partos hospitalarios a fin de expandir la vagina para prevenir posibles complicaciones derivadas de un desgarro, ya que el agua facilitaba una mayor apertura vaginal. Incluso también favoreció que la gran mayoría de mujeres que dieron a luz en el agua no necesitaron analgésicos.

Un último dato explica las ventajas del parto bajo el agua además de ofrecer otro indicio de que la teoría del mono acuático podría ser acertada. La investigadora del comportamiento infantil Myrtle McGraw documentó que los bebes no sólo tienen el reflejo de aguantar la respiración, sino que realizan movimientos rítmicos que les permiten avanzar bajo el agua. Un comportamiento de adaptación al agua instintivo.

Es bien conocido por todos que las adaptaciones que se llevan a cabo en periodos evolutivamente cortos ocurren mayoritariamente en especies que se ven aisladas repentinamente, como por ejemplo sucede cuando la inundación de un terreno da lugar a la formación de islas. Los sitios en los que se han encontrados los fósiles de Australopithecus afarensis (especie pre-humana), estuvieron cubiertos de agua hace siete millones de años, cuando se estima se llevó a cabo el paso del mono a los primeros homínidos.
Cómo si fuera poco, los huesos de Lucy fueron hallados entre restos de huevos de cocodrilos y tortugas.

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